19.8.16

El triunfo celestial
de la clemencia



En los tiempos que corren la expresión contra natura tiene una nueva connotación negativa. Si desde hace siglos la clerigalla considera antinatural el sexo por mero placer –como si las ratas copularan por deseo de procreación–, ahora se le han unido otros sectores para los cuales el ir contra los dictados de la madre suprema (Gaia o Pachamama, pongámosle) es un pecado mortal necesariamente asociado con la deforestación catastrófica, la ingesta de cancerígenos o ese Apocalipsis indeterminado que va, según la temporada, de los hielos del invierno nuclear a los sofocos del calentamiento global. En contraste, toda cosa material o actividad que sea biodegradable y rica en fibra será vista como signo inequívoco de santidad.

Pero no. Ultimadamente no hay elaboración más artificial que la preocupación por el entorno o que la ética, la cual es un esfuerzo racional por desnaturalizarnos, es decir, por reprimir nuestros instintos naturales con base en principios superiores que no aparecen en estado natural por ninguna parte. Otra cosa contra natura es la compasión. Salvo en algunos dudosos videos de Youtube, como ese en el que un gato le da de comer a un pajarito famélico, no veremos nunca que un tiburón, como no sea por saciedad, le perdone la vida a una sardina, que un cisticerco sienta remordimientos por el deterioro físico que pueda causarle a su organismo anfitrión ni  que un grupo de leonas organice un taller de sororidad con las cabras. Incluso quienes creen en el karma y el ciclo de reencarnaciones, como Else Byskov, reconocen que “en el reino animal [es decir, en el ámbito de lo meramente natural] no hay cabida para la piedad o la compasión” y que se trata de matar o morir”. Pensándolo bien, la observación es plenamente aplicable al reino vegetal, como me quedó claro con la muerte reciente de mi limonero, asesinado por un filodendro ojete que lo privó de la luz solar. Posiblemente la excepción (a menos que decidan creerle al video de Youtube) sean los mamíferos superiores y, especialmente, los primates. Frans De Waal, aunque detractor de la teoría del contrato social (que es eminentemente humanófila), señala que chimpancés, bonobos y otros primates “tienen capacidades para la reciprocidad y la venganza, la aplicación de normas sociales, la agresión, la resolución de conflictos, la compasión y la empatía”.

La razón de la escasez (por no decir ausencia total) de piedad en especies no humanas es simple: ese sentimiento tiene como condición previa la empatía, que es la capacidad de imaginar, conocer o cuando menos percibir, los sentimientos del otro, y requiere de habilidades cognitivas y emocionales no muy presentes que digamos en organismos escasos de tejido neuronal.

Es cierto que esta idea de la compasión como atributo casi exclusivo de los humanos (o de los primates en general), leída en clave antropocéntrica, da pie a la idea de una superioridad humana sobre el resto de las especies e incluso a la fábula chovinista del “rey de la creación”. Y esas concepciones han fundamentado la realización de innumerables atrocidades, cometidas en lo individual o en lo social, y han aceitado, con respecto a los animales, el sentimiento contrario a la piedad: la felicidad por el sufrimiento o dolor de otro ser u organismo, una cosa horrible para la que el español sólo tiene el verbo “regodearse”, que el alemán codifica en una palabra precisa, schadenfreude, y para la que los tecnócratas neoliberales mexicanos tienen una clara vocación.

Ahora imagínense que no estamos en la segunda década del siglo XXI sino en la última del XVIII, y no en los ámbitos ilustrados de Europa sino en el pueblo de la Real Corona de Chiapa de Indios, hoy Chiapa de Corzo. En ese tiempo y lugar fue compuesta la fábula La tentativa del león y el éxito de su empresa, en la que se “sintetiza a la perfección las inquietudes comunes a los enciclopedistas hispanoamericanos de finales de aquella centuria, al tiempo que anticipa las preocupaciones sociales y culturales de los grandes libertadores del siglo siguiente”. Se trata de un romance heroico de 414 versos (es decir, endecasílabos asonantados en los pares) en el que un joven león inexperto, ególatra y necio, se niega a aceptar que hay un animal capaz de vencerlo –el humano– y parte en su búsqueda para reafirmarse. Cuando por fin lo encuentra, es derrotado en primera instancia por el ingenio del bípedo y en segunda y definitiva, por su piedad.

Es un tanto extraño que, cuando hablan de fabulistas mexicanos de la época, autores como Pedro Henríquez Ureña, José Juan Tablada o Arturo Orozco Torre mencionen al michoacano Fray José Manuel Martínez de Navarrete (1768-1809) y omitan al autor de La tentativa, el chiapaneco Matías Antonio Córdova Ordoñez, o Fray Matías de Córdova, como pasó a la historia, aunque no mucho. Es raro también que éste, a pesar de su decisiva intervención para la separación de Chiapas de Guatemala sea lectura obligatoria en las escuelas del país vecino y no en las de México salvo, claro, las chiapanecas.

Aquel dominico, tapachultense de nacimiento (17 de marzo de 1766) era individuo leído y hombre de mundo. Estudió primeramente en el Seminario de Ciudad Real (hoy San Cristóbal de las Casas), luego cursó Teología y Escolástica en la Universidad de San Carlos de Borromeo (Guatemala) y se infectó allí con la lectura de autores prohibidos como Locke y Condillac. Como sacerdote era “fuerte y decidido amparo de la raza indígena”. Alguna fuente menciona una oscura y breve huída de Guatemala, junto con su amigo Joaquín Galve, por una acusación de apostasía. El hecho es que formó parte de la Sociedad Económica de Amigos del País, se relacionó con intelectuales y científicos procedentes de diversas regiones del reino, como Longino Martínez, José Cecilio Del Valle y Mariano Mociño, viajó a Madrid, comisionado para reorganizar la organización provincial de su orden, y presenció allí la invasión napoleónica. A su regreso se instaló en SCLC y fundó una escuela en la que experimentó métodos pedagógicos de alfabetización especialmente concebidos para este continente y recogidos en varios volúmenes. Introdujo la primera imprenta de la provincia y fundó el periódico El Pararrayos.

Para entonces las ideas libertarias llegaban a tierras chiapanecas por medio de El Editor Constitucional, publicado en Guatemala, y hasta donde se sabe el dominico conservó un perfil bajo durante la guerra de Independencia; no fue sino hasta que Iturbide proclamó el Plan de Iguala que se decantó abiertamente por la causa independentista. El 28 de agosto de 1821, en lo que se conoce como Grito de Comitán, Matías arengó a los presentes en una misa celebrada en el templo de San Sebastián a secundar al Ejército Trigarante. Lo que siguió fue una pugna entre quienes querían mantener a Chiapas unida a lo que había sido la Capitanía General, los que se inclinaban por una república independiente y el bando que a la postre triunfó, que propugnaba la unión con México, y en el que Matías de Córdova tuvo un papel destacadísimo. Murió unos años después (1828), en Chiapa de Corzo, en donde se desempeñaba como prior del Convento de Santo Domingo. Bueno, pero si no lo han leído, está aquí y acá.

16.8.16

AMLO no tiene nada

El presidente nacional del partido en el gobierno, Enrique Ochoa, ha informado, en su correspondiente 3 de 3, que posee inmuebles por un valor conjunto de cerca de 20 millones de pesos, además de 50 automóviles comprados al contado, más de millón y medio de pesos en obras de arte y activos intangibles” por 8 millones.

Por su parte, Alejandra Barrales, presidenta nacional del PRD, tiene una casa en la capital que vale más de 13 millones de pesos, un depa en Acapulco con valor de 8 millones, un departamento más, un terreno en el Estado de México un Mercedes Benz que costó más de medio millón, otro coche (donado) de 220 mil, dinero en el banco (más de un millón de pesos) y acciones en una empresa transportista (medio millón).

Miguel Ángel Mancera, quien formalmente no encabeza ningún partido pero que en los hechos ostenta, por medio de la anterior, el control de la presidencia perredista, tiene una fortuna de 43 millones de pesos, similar a la declarada (no en la 3 de 3) por Enrique Peña Nieto, compuesta por casas, departamentos, locales, menaje de casa, obras de arte, joyas y acciones.

Todo lo anterior ha sido recibido sin novedad por los medios hegemónicos y por la mayor parte de la clase política. En cambio, la declaración 3 de 3 de Andrés Manuel López Obrador, presentada la semana pasada, levantó una ola de críticas iracundas. Varios personeros del régimen se le fueron encima porque les pareció del todo inverosímil que un político con larga trayectora, ex candidato presidencial en dos ocasiones y presidente nacional de un partido, carezca de bienes significativos. El hecho de que AMLO no tenga automóvil propio ni una casa a su nombre ni tarjeta de crédito y que revele sin ambages la modestia de su situación financiera ha enfurecido a priístas, panistas y perredistas. Lo han llamado mentiroso, simulador, hipócrita y demás lindezas.

La situación patrimonial declarada por el dos veces candidato presidencial dista mucho, sin embargo, de ser excepcional: en el mejor de los casos, sólo 20 millones de mexicanos (una sexta parte de la población total) cuenta con tarjeta de crédito; 66 por ciento responde que viven en  casa propia, aunque su hogar no esté a su nombre sino al del cónyuge o al de un pariente; cabe suponer que sólo un 20 por ciento o menos de la población ha tenido la fortuna de inscribir su nombre en una escritura inmobiliaria. En cuanto a vehículo propio, Calderón dijo hace cinco años que 44 por ciento poseía uno, aunque cabe suponer que hijos y pareja del propietario real también se ostentan como tales.

No tener coche, casa ni tarjetas de crédito es, pues, representativo de un vasto sector de la población del país. Pero ningún encuestador pregunta al encuestado si tiene más de 20 automóviles, o cuando menos un Mercedes Benz, ni inquiere sobre inmuebles de extremado lujo en Acapulco ni interroga acerca de la posesión de acciones en la bolsa. Se entiende que los individuos poseedores de tales bienes forman parte de una élite minúscula que ni aparece en las cifras del INEGI y que, sin embargo, maneja a su arbitrio los dineros de la nación. Cómo no va a haber crisis de representatividad si se presenta como natural el hecho de que los políticos deban ser o volverse ricos.

Lo correcto, piensa uno, sería indignarse ante la persistente fusión entre las figuras del funcionario y el magnate, así como el cinismo con el que empleados públicos y representantes populares se embolsan, de manera perfectamente legalizada, millones de pesos del erario. Pero la 3 de 3 de AMLO puso ante el espejo a políticos que --uno supone-- tendrían que estar más dedicados a atender y resolver asuntos públicos que a multiplicar su dinero y que forman parte de la ínfima minoría de beneficiarios de un país con hambre. Porque, como dice José Mujica, que te guste la plata no tiene nada de malo, pero si te gusta la plata no te metás a la política”.

O será que es normal volverse rico en dos o tres décadas de servicio público y que lo monstruoso es estar en la política y no acumular.

Para acabarla de arruinar, la 3 de 3 del tabasqueño hizo claro que ese formato que nos presentaban como un dique mágico contra la corrupción no servirá para maldita la cosa –como no sirve de nada el pomposo “Sistema Nacional Anticorrupcion” recientemente aprobado– porque si lo llenas de buena fe te llaman mentiroso, lo cual significa que hay suficiente margen para llenarlo con mala fe. Para acabar con la corrupción no es necesario instaurar formatos y mecanismos simuladores ideados en el ITAM para taparle el ojo al macho de la corrupción corporativa ni reformar las leyes; se requiere, simplemente, de voluntad política para cumplir las que existen.


12.8.16

¿Cuántos minutos
hay en una hora?




¿Cuántos minutos hay en una hora?
–Seis –afirma el amante no saciado.
–Sesenta mil –replica el torturado
con voz doliente que piedad implora.

–¿Cuántos minutos hay en una hora?
–pregunta un relojero despistado
mientras, en un rincón del atestado
taller, con desazón su oficio llora.

El dictado de Greenwich ya es difunto;
en el incierto tiempo del ahora
nadie tiene certeza del asunto.

Y cuando la impaciencia me devora
en el compás de espera me pregunto
cuántos minutos hay en una hora.

__________
Ilustración: "El guardián del tiempo y sus relojes secuaces". Jacek Yerka

9.8.16

CNTE: hacia la victoria



La llamada reforma educativa, que fue en realidad un intento del régimen por abrir la puerta a la privatización del sistema de enseñanza pública y por desarticular las expresiones sindicales del magisterio no sometidas al régimen, está muerta. Ha terminado por hacerse evidente que ese paquete de modificaciones legales era un engendro espurio, ideado en organismos internacionales e impulsado por grupos de interés que pretendían tomar por asalto el ámbito educativo; más allá de elementos discursivos y propagandísticos y de disposiciones punitivas y de control laboral, no había en él gran cosa pedagógica, ni nada que lo convirtiera en un factor para la dignificación de la enseñanza que es sin duda urgente.

Como queda claro en forma retrospectiva, los funcionarios que se empeñaron durante meses en aplicar esas disposiciones no tenían ni idea de la conformación del país en el que viven. Supusieron que la disidencia magisterial podría ser doblegada con una combinación de publicidad difamatoria, desgaste, represión y sanciones. No se dieron cuenta de que el agravio no sólo afectaba a los maestros democráticos movilizados sino que tocaba también el corazón de una sociedad que ha sufrido demasiados despojos. Acaso imaginaron que el provocar una carnicería en un bloqueo de Oaxaca aterrorizaría a los movilizados pero sucedió algo distinto: reafirmó su convicción de lucha, la extendió a otros sectores y colocó al gobierno ante un nuevo problema. Tal vez pensaron que el sindicato oficial y su cúpula charra sería capaz de neutralizar a la CNTE y sucedió que muchos miles de profesores adscritos al SNTE se sumaron a las acciones de resistencia. Seguramente jamás imaginaron que los padres de familia, en vez de rechazar el paro, lo apoyarían.

Con todo y sus simulaciones el gobierno federal ha reconocido de varias maneras –todas ellas implícitas, sí– que su reforma no sirve porque tiene dientes pero no contenidos; que no tiene margen para emprender una represión masiva en contra del magisterio democrático y que el diálogo y la negociación son la única vía practicable para destrabar el conflicto. Ciertamente, le falta admitir lo principal: que no es posible mejorar el nivel educativo en un país en el que los niños van a la escuela sin comer y asisten a clases en aulas con piso de tierra mientras sus funcionarios pasean por el mundo en aviones de miles de millones de pesos. Por lo pronto, la “reforma educativa”, ese engendro oligárquico y tecnocrático al que no se le iba a cambiar ni una coma, ha muerto.

Los funcionarios federales tienen trabajo por delante: ahora deben sosegar a los iracundos líderes de la Coparmex, la Concanaco y la Concamin que exigen vengar con sangre la afrenta de una rebelión de pobres que ha derrotado al poder público y que, bien capitalizada por sus protagonistas, puede sentar un precedente para empezar a echar abajo el conjunto de las reformas estructurales del peñato. Más allá del estridente chantaje empresarial y de los ejercicios oficiales de simulación para encubrir el tamaño de la derrota (como el “modelo educativo” que la SEP se sacó del sombrero hace unos días), ahora el magisterio democrático tiene ante sí la tarea de convertir en una victoria gremial y social el fracaso del régimen.

Cabe esperar que las movilizaciones, las mesas de diálogo (en las que cabe sospechar toda clase de trampas, dilaciones y distorsiones por la parte oficial) y los foros públicos se extiendan ahora al Congreso a fin de que ocurra allí el régimen no ha querido hacer en casi cuatro años: escuchar a los maestros del país y tomarlos en cuenta. La resistencia magisterial –esa que según sus linchadores mediáticos sólo busca perjudicar el tránsito y el comercio, huevonear y heredar plazas– no sólo tiene una vastísima experiencia pedagógica y social sino también un enorme trabajo de reflexión, análisis e investigación sobre los problemas y las miserias del sistema de educación pública y sus posibles soluciones. La sociedad y las instituciones deben darse la oportunidad de conocerlo. Si ello sucede, será posible construir y aprobar un conjunto de iniciativas que realmente merezcan el nombre de reforma educativa y socializar así la victoria que los maestros han ido construyendo con lucidez, tesón y abnegación admirables.



4.8.16

Plática bajo la lluvia



El chubasco produce un sonido ensordecedor al caer sobre la pequeña lona negra que ondea y mantiene secas algunas partes de las diez o doce personas que se resguardan en ella y el director de escuela tiene que alzar la voz para explicar el método educativo particular que se aplica en su establecimiento para los niños de habla materna purépecha. Su lucha inmediata es contra el ruido del agua que cae a cántaros y que aplasta su exposición al pequeño grupo: cuatro profesores, dos profesoras, una de ellas, con dos críos, y dos visitantes. El ponente no se amilana y luego pasa a señalar cómo las disposiciones de la “reforma educativa” oficial ignoran por completo las condiciones y singularidades de la labor de los educadores en esta región empapada del país. Esto es la barricada que el magisterio en lucha ha instalado a la salida de Arantepacua, una población ubicada en una de las crestas de la Meseta Purépecha. En la otra punta del pueblo hay unas dos decenas de trailers retenidos. Normalmente hay más gente aquí, nos explican, pero este día muchos maestros se encuentran en una asamblea informativa y otros se fueron a la vecina Paracho a hacerle un borlote a Silvano Aureoles, quien acudió allí para inaugurar algo.

El viento sacude los cuatro metros cuadrados de lona, precariamente adosada en un lado a un muro y en el otro precariamente sostenida por unas ramas y unas piedras. Parece un milagro que no salga volando. Los presentes estamos empapados de las rodillas para abajo y el goteo sobre nuestros hombros y cabezas es persistente pero las reflexiones no se dejan vencer por los elementos. Se habla del incierto futuro inmediato, de los vericuetos políticos del diálogo entre la CNTE y Gobernación y de la determinación de mantener la lucha. La calle empinada se ha vuelto un río de aguas lodosas que hay que remontar en el coche para llegar al campamento principal, situado en una escuela que se anega –como lo muestran las manchas de humedad a medio muro– a pesar de estar situada en lo alto de la principal loma del pueblo. En el trayecto azaroso los dos profes que son nuestro contacto y nuestros guías nos cuentan que ya la comunidad les dijo: “No tengan miedo, que si vienen por ustedes nosotros no nos vamos a quedar cruzados de brazos”.

Sabrá Dios cómo son las oficinas de Claudio X. González y de Gustavo De Hoyos Walther. Tal vez tengan muebles que combinen piel y cromo, acaso disfruten de aire acondicionado pero es razonable dar por seguro que no tienen goteras. Los despachos de Enrique Peña Nieto y de Aurelio Nuño aparecen de cuando en cuando en los medios, tampoco les entra el agua cuando llueve y puede asumirse que tienen completos los vidrios de las ventanas. Cuando uno va a visitar a los maestros en resistencia bajo sus lonas agujereadas resulta inevitable evocar los sitios desde los que despacha el bando contrario: los ideólogos de la “reforma educativa”, los promotores de la represión, los operadores y ejecutores del linchamiento contra todo un gremio, el más numeroso del país –si es que el narco aún no lo ha superado en afiliados, gracias a la “guerra contra la delincuencia” emprendida por Calderón y proseguida por el propio Peña.

A diferencia de lo que ocurre en las ciudades del país, los campamentos magisteriales en las comunidades de esta zona de Michoacán no pasan apuros por comida. El respaldo popular es evidente y orgánico. En la explanada que rodea la escuela hay varias cocinas. Los profes se agrupan según sus comunidades de trabajo y cada una de ellas tiene un coordinador o coordinadora. Ahora la reunión es en un salón en el que el eslogan “escuelas de calidad” suena a bofetada. En el pizarrón, sin embargo, están pegadas unas cartulinas que son un primor de ortografía, caligrafía y diseño, con las reglas básicas de la multiplicación. Una maestra lleva la voz cantante para resumir en forma puntual el sentir generalizado sobre la falta de representatividad de los legisladores del país. Un compañero suyo reflexiona sobre el impacto benéfico de los salarios magisteriales en las economías locales, mientras de las cocinas llega el aroma de los comales. Los choferes de los trailers son invitados frecuentes a las mesas de la resistencia y, por supuesto, tienen plena libertad de quedarse o de ir a donde les dé la gana. Son sus unidades las que no pasan.

En la trinchera de la entrada sólo hay mujeres. También se guarecen bajo una rafia pegada a la caja de uno de los camiones retenidos. Alrededor del grupo, en los cuatro puntos cardinales, hay lodo. “¡Ésta es la realidad, no la que les cuentan los medios!”, grita la mayor, a guisa de saludo. “Nos dicen que no estamos solos pero yo sí me siento sola sin mi marido –tercia otra–. Ya tiene dos semanas que lo dejé con mis tres niños para venir aquí, que es donde tengo que estar”.

Un par de horas antes pegaba un sol inclemente en la plaza de Caltzontzin, una población conurbada a Uruapan por la que pasa la vía del tren y en la que los educadores bloquearon los vagones como parte de sus acciones. Acababan de levantar el bloqueo por decisión propia y se reunían en asamblea informativa antes de regresar a sus lugares de origen, aunque algunos irían a la Ciudadela del Distrito Federal a reforzar el campamento magisterial. El ánimo allí era festivo y triunfante. “Ya se acercaron porque querían desalojar pero aquí el pueblo está con los profes” –comenta la encargada de un ciber situado en una esquina de la explanada– y se tuvieron que echar para atrás”. Los movilizados allí suman centenares y los hay de todas las edades. Maestros jubilados conviven con profesoras jóvenes que ni en las barricadas han descuidado el arreglo personal.

Desde el 19 de junio, cuando el régimen perpetró en Nochixtlán la bárbara agresión policial que costó una decena de vidas y que dejó un sinnúmero de heridos de bala, quedó claro que el movimiento magisterial en curso trasciende, con mucho, la lucha por derechos laborales adquiridos y en defensa de la educación pública gratuita. En esa lucha grandes sectores de la población atropellada por las recientes presidencias neoliberales y sus socios ha visto un punto de confluencia para la suma de todos los agravios. Comunidades, organizaciones sociales, individuos sueltos, han venido sumándose a la movilización.

Por lo que hace a Chiapas, Oaxaca, Michoacán, Guerrero, Tabasco y otras entidades, si el régimen acata las exigencias empresariales de “hacer cumplir la ley” tendría que llevar a cabo docenas de Atencos, Nochixtlanes, Aguas Blancas, Acteales y Tlatelolcos: en suma, tendría que sumir al país en un baño de sangre sin precedentes. Mucho pesa el fardo del peñato con Tlatlaya, Iguala, Tanhuato y Apatzingán y a eso hay que sumarle la Casa Blanca de Las Lomas, los enjuages con Higa y OHL, los gobernadores y ex gobernadores priístas a punto de convertirse en carne de tribunal, el desastre económico y los gasolinazos. El grupo gobernante posiblemente sepa que no hay suficientes policías ni cárceles como para lanzarse a una guerra semejante en contra de la cientos o miles de comunidades. Y de seguro sabe que su engendro de “reforma educativa”, ideada para abrir la puerta a la privatización de la enseñanza pública y para desarticular al gremio más articulado y más articulador de la población pobre, ya fracasó. Las oficinas de lujo y los despachos oficiales han sido derrotados desde lonas precarias que, a pesar de todo, soportan la lluvia.