29.9.07

Homenaje al hermano


¿Y de qué se puede lamentar éste? ¿De la risa, de ganarse la vida, del asombro y la furia así se adormezcan de cuando en cuando? ¿De amar, de engendrar, de tocar piano? ¿De haber sido tanto y tantas cosas, de lo que le falta por ser, previsible o inesperado?¿De dejar marcada para bien a cuanta gente toca?

27.9.07

Ética y etiqueta

Jay Chapman, inventor de la inyección letal


  • Inhumanidad del protocolo Chapman
  • Jospeh Clark: 90 minutos de agonía

A principios de este mes ocurrió algo parecido a un milagro: las autoridades de Kentucky se disponían a macerar al reo Ralph Baze con una triple dosis de tiopentotal sódico (anestésico), bromuro de pancuronio (paralizante muscular) y cloruro potásico (inductor de paro cardiaco), pero antes de que la ejecución tuviera lugar, la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos decidió analizar, por primera vez desde que se emplean las tres jeringas, si la inoculación intravenosa de esos venenos cabe en la definición de las penas crueles e inusuales, prohibidas por la Octava Enmienda de la constitución del país. [Una pequeña crítica constructiva al Departamento de Estado: reconvengan sin excesivo rigor --absténganse, en todo caso, de meterle un jeringazo triple-- al traductor que puso “desusada” como equivalente español de unusual y explíquenle que desuso y rareza no son sinónimos.]

El alegato, presentado por David Barron, defensor de oficio de Baze y de Thomas Clyde Bowling Jr., advierte que el método de la triple, inventado hace 30 años por el humanitario y diligente doctor Jay Chapman, un patólogo fascista de Oklahoma a quien Hipócrates debe estarle mentando la madre desde la tumba, puede no ser tan rápido como se supone y puede desembocar en periodos de dolores prolongados y muerte por asfixia mientras el reo está consciente. El año pasado, en Ohio, el sentenciado Joseph Clark agonizó 90 minutos y requirió una segunda dosis de matarratas para dejar de gritar, amarrado a la camilla de ejecuciones, “¡no funciona!, ¡no funciona!”. Según los testigos de la carnicería, después de recibir la tercera inyección el condenado rogó: “¿No podrían darme algo por la boca para acabar con esto?” Unos meses más tarde, en una cámara de ejecución de Florida, Ángel Nieves Díaz se asfixió en silencio por espacio de media hora tras recibir una dosis letal que no funcionó como se esperaba. El espectáculo fue tan terrible que el gobernador Jeb Bush, con todo y su pertenencia a una estirpe de verdugos, hubo de suspender las ejecuciones siguientes.


Secuencia de la electrocución de Allen Lee Davis, pedófilo y asesino
ejecutado en julio de 1999. La instalación no funcionó como se esperaba,
la cabeza del reo se incendió y Davis hubo de recibir una segunda descarga eléctrica.


Esos y otros episodios de horror llevaron a los tribunales de dos estados a declarar inconstitucional el llamado Protocolo Chapman o La Triple, en tanto que otras 11 entidades han suspendido las ejecuciones con este método. Su autor sostiene que éste es susceptible de ser actualizado con nuevos y más potentes fármacos y se queja de los funcionarios de prisiones que no aplican su procedimiento como Dios manda, colocan la aguja apuntando hacia la mano del “paciente” y no hacia el hombro, o aplican la inyección en forma muscular o subcutánea en vez de intravenosa. “Tienes que ser un idiota para hacer eso”, concluye, y decide cortar (literalmente) por lo sano: “Lo más simple que conozco es la guillotina, y no me opongo a traerla de nuevo; se corta la cabeza de la persona, y se acabó”.

Por si las dudas, Daryl Holton escogió la silla eléctrica y el 12 de septiembre pasado se convirtió en el primero en Tennessee en morir en ella desde 1960. El infeliz, un veterano de la primera guerra del Golfo (1991), padecía una larga historia de trastornos mentales, incluido el síndrme de estrés postraumático, mató a sus cuatro hijos a balazos porque la madre no dejaba que los viera y luego se entregó a la policía. En los diez años que estuvo preso se negó a hablar con sus abogados de oficio y a firmar apelaciones. Las autoridades carcelarias hubieron de desempolvar el aparato letal y, antes de freír a Holton la calentaron durante 35 segundos --tiempo necesario para completar el proceso a mil 750 voltios-- con una “carga experimental” diseñada para simular un cuerpo humano.

Antes de que Clark y Nieves fueran martirizados, un texto aparecido en PloS Medicine concluyó que la inyección letal era equivalente en ocasiones a una “asfixia química”. La revista médica The Lancet había publicado ya los resultados de una investigación realizada por facultativos que analizaron los expedientes de numerosas ejecuciones y entrevistaron a decenas de funcionarios penitenciarios; luego compararon la información con el protocolo para eutanasias adoptado por la Asociación de Veterinarios y concluyeron: “La actual práctica de la inyección letal no cumple ni con los estándares veterinarios”. La publicación acompañó el documento con un editorial que señala: “La pena capital no sólo es una atrocidad, sino también una mancha en el expediente de la democracia más poderosa del mundo. Los médicos no debieran estar en la tarea de matar. Los que participan en este acto bárbaro actúan como ejemplos vergonzosos de una profesión que ha permitido la corrupción de sus valores por la violencia del Estado”.

Encuentro un exceso de optimismo (o de benevolencia) en el texto porque a estas alturas, tras los desaseos electorales de 2000 y 2004 que favorecieron la elección y la reelección de Bush; habida cuenta del severo retroceso ocurrido desde 2001 en la vigencia de las garantías individuales, los derechos humanos y las libertades fundamentales; considerando que la Casa Blanca porfía en una agresión armada (contra Irak) con la que la mayoría de los ciudadanos está en desacuerdo, y dado que Estados Unidos es la única potencia occidental que comparte la barbarie de la pena de muerte con Arabia Saudita, Indonesia o China, resulta cuestionable describir a Estados Unidos como una “democracia poderosa”. Sin desconocer su enorme poderío militar, económico, político y tecnológico, me parece más bien una democracia sumamente débil y debilitada.

El máximo tribunal estadunidense ha decidido entrar al problema de la pena capital no por la puerta trasera, sino por un ducto de ventilación: no se discute el castigo, sino un método particular para aplicarlo, y no se pone en duda que privar de la vida a un ser humano sea, en sí, un acto degradante, bárbaro e inhumano, además de cruel e inusual: lo inusual y cruel podría ser, se dice a sí mismo el sistema judicial del país vecino, la prolongada y dolorosa agonía que en ocasiones causa la jeringa. En suma: por ahora, la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos no está interesada en la ética, sino en la etiqueta. Pero peor es nada.


24.9.07

Efectos especiales



El bolsillo tiene razones que la estadística no entiende. En la tienda de barrio y en el supermercado, junto con los productos adquiridos, le regalan a uno la sospecha de que la autoridad maquilla las cifras y que en lo que va del calderonato los precios no se han incrementado en 4.2 por ciento sino en 15 o 20, o más. Pero hasta el dato oficial sería malo para un régimen al que no le basta la palabra economía para titular el capítulo correspondiente en su primer informe de gestión (“Estabilidad y Crecimiento Económico”, lo llama, así, con todas esas mayúsculas), y cuya redacción turbia pone de manifiesto una mala conciencia. Hay que leer ese pasaje, un asombroso rosario de alegatos, pucheros y confesiones a regañadientes acerca de la ineptitud económica del equipo de gobierno y sus malos resultados iniciales, particularmente en materia de empleo (contracción de 3.2 %) y alza de precios.

Felipe Calderón no sólo se ofertaba como el “presidente del empleo” sino también como el de la “mano firme”. El 2 de septiembre, en plan “promesa cumplida”, dijo que en los primeros nueve meses de su administración “se lograron cifras extraordinarias en cuanto a la erradicación de plantíos y decomisos de droga” y afirmó que “los operativos puestos en marcha han obligado al crimen organizado a replegarse en algunos casos y en otros los ha forzado a cambiar de estrategia, eso ha contribuido a reducir la violencia vinculada al narcotráfico”. Quién sabe si mentía de manera deliberada o si se dejó llevar por sus impresiones, de un optimismo admirable, y no leyó las resmas que él mismo había entregado, unas horas antes, en San Lázaro.

Apartado “Procuración e Impartición de Justicia”: si bien en comparación con el primer semestre del año pasado la incidencia delictiva decreció marginalmente en algunos rubros (portación de arma de fuego, -0.6%; delitos fiscales, -4.6%; violación, -3.1%; fraude y estafa, -2.4%; abuso de confianza, -2.2%; y “otros delitos del fuero común”, -1.3%), en los primeros seis meses de este año se incrementaron en forma escandalosa el secuestro (67%), los delitos contra la salud (91.5%) y “los relacionados con instituciones bancarias y de crédito” (46.1%). El robo creció sólo 9.1 %; los ilícitos cometidos por servidores públicos, 7.7%; los homicidios, 1.9%; las lesiones, 0.6%, y “otros delitos del fuero federal”, 12.7%. En total, medidos en términos de denuncias por cada 100 mil habitantes, éstos se incrementaron en 45.5 %, en tanto que los del fuero común lo hicieron en 2.1 %.

En el primer semestre de 2007 se erradicó 0.8 % más de sembradíos de mariguana que en el periodo correspondiente del año pasado, pero 25.6 % menos de cultivos de amapola, y en cifras globales la erradicación decreció 10.8 %. Los decomisos se incrementaron en los rubros de hoja de mariguana (28.8 %), goma de opio (533 %) y vehículos (88.9 %), pero decrecieron en semilla de mariguana (-35.3 %), cocaína (-76.2 %), heroína (13.1 %), sicotrópicos (-98.9 %) y laboratorios clandestinos (-76.5 %). Entre enero y junio del año pasado se detuvo a 8 mil 568 presuntos narcos, y en el periodo correspondiente de éste, los arrestados fueron seis mil 74, una reducción del 29.1 por ciento. El adobe no hace referencia específica al número de asesinatos vinculados al narcotráfico, pero un recuento de El Universal asegura que, sin incluir al DF y al Estado de México, van mil 908 en lo que va del año, 19 % más que los registrados entre enero y septiembre del año pasado.

Mienten los niños, los enamorados, los estafadores y los candidatos presidenciales. Los gobernantes, también, por supuesto, pero suelen ser sutiles y cuidadosos a la hora de adulterar la realidad: incluso los sectores de la población más necesitados de ilusiones –cómo se restregaban de gusto muchos clasemedieros con los embustes de Salinas sobre nuestro ingreso al Primer Mundo— agradecen que les tomen el pelo con un poquito de elegancia, y que el amasijo de látex y resortes no se note demasiado en los efectos especiales. Acompañado por sus intelectuales y líderes de opinión –pero qué necesidad, chatos, de sentirse cercanos al calorcito del poder—, el calderonato celebra sus victorias imaginarias día tras día. Por desgracia, lo que corre por el país en estos tiempos no es salsa catsup ni pintura roja, y la cifra de los derrames crece día a día.


23.9.07

Shhh...







Hasta ahora
creíamos
que no había nada
más silencioso
que tu silencio.



Madeleine como símbolo

Madeleine McCann

  • Desaparecidos y desiguales
  • El Cascabel en el espacio
Nada extraordinario, por desgracia: una niñita de cuatro años desaparece sin dejar rastro y sus papás, consternados, revuelven el planeta y claman por ayuda. Hasta ahora no se sabe qué pasó la noche del 3 de mayo, en un departamento de Praia da Luz, El Algarve, Portugal: la pequeña Madeleine McCann, de origen británico, fue víctima de un secuestro que terminó mal, raptada por explotadores de menores, atacada y desaparecida por un agresor sexual, o asesinada sin querer por sus propios padres, médicos ambos, a quienes se les pudo pasar la mano en la dosis de sedantes que solían administrar a sus pequeños antes de salir a divertirse. Nada extraordinario: un martirologio infantil más en una humanidad que se ha especializado en hacerles las peores maldades a sus propios cachorros.

Con respeto al dolor que sufre o sufrió Madeleine y al de sus padres, hayan sido o no responsables o corresponsables de su desvanecimiento, es horrible que el caso individual de esta niñita levante tanto revuelo en un planeta en el que desaparecen anualmente decenas o centenas de miles de menores. Algunos de los registrados son adolescentes que se largaron de casa y se fueron a otra parte con su hartazgo ante una vida familiar desgraciada (nadie se va de casa si vive feliz en ella), o con la novia, con el novio, con la droga, con la guitarra, con el pasaporte. Otros –tal vez la mayoría— desaparecen en el marco de riñas conyugales o familiares en las que florece la canallada de raptar a los hijos propios y, con frecuencia, trasladarlos a otro país; la leyenda urbana dice que algunos menores desaparecidos sufren una muerte atroz, descuartizados por traficantes de órganos, aunque hasta ahora no hay en ningún lado un solo caso documentado de tal horror; en la realidad, muchos bebés son robados por mafias que los venden a parejas infértiles de Estados Unidos y de Europa, y un número indeterminado de menores son secuestrados y destinados a la explotación laboral y sexual en una industria clandestina pero consolidada y creciente. De cuando en cuando un pederasta solitario rapta a un niño y lo lleva a vivir a su lado o lo viola, lo asesina y hace desaparecer el cuerpo o lo deja por ahí. Pero esos casos son sólo unos cuantos de los abusos sexuales de menores, los cuales son perpetrados, en su gran mayoría, por un familiar, una persona cercana a la familia, el profesor o el cura.

Milun Dhanjee


Hay otra forma de borrar del mapa a un niño: bombardear su casa, dispararle con un rifle de asalto o incluirlo en el abrazo de fuego de un atentado dinamitero, como lo hacen con regularidad las tropas de Estados Unidos en Irak, las de Israel en los territorios palestinos y los terroristas anónimos en Bagdad, en Afganistán, en el territorio israelí o en cualquier otra parte.

La enorme alharaca mediática que se ha alzado en torno a la desaparición de Madeleine no ayuda mucho. En ella se han involucrado los ricos y los famosos de medio mundo —Laura Bush, Joseph Ratzinger y muchos más—; los padres de la pequeña han emprendido una gira internacional, han recaudado millones de dólares y, para no ofenderlos, las distribuidoras cinematográficas británicas tuvieron la cortesía de suspender el estreno de una película gringa que trata de la desaparición de una niña. La prensa inglesa se levantó en pie de guerra contra los medios y los detectives de Portugal, a los que acusa de pretender el linchamiento del matrimonio McCann, y la recompensa ofrecida a quien aporte datos para dar con el paradero de la menor llega ya a cuatro millones de libras.

Milun Dhanjee, en cambio, se esfumó el 21 de febrero de 1994 (tenía 10 años) en Bingley, Yorkshire, y nadie ha vuelto a saber de él. Es morenito, tal vez de ascendencia india o paquistaní, y si sigue vivo acaso se congratule con el esfuerzo mundial por hallar a Madeleine, y tal vez le duela un poco que él, en su momento, le importó un pepino al mundo. El 10 de febrero de 1996, a las siete de la tarde, Ana Lilia Burgos Frías, entonces de 13 años, y Yazmín Herrera Corona, que tenía 11, salieron de su domicilio en la Colonia Alborada I, Tultitlán, Estado de México, para ir a comprar pan. Fueron abordadas por unos sujetos que las introdujeron a un automóvil negro, con vidrios polarizados y sin placas, y desde entonces sus familiares no las han vuelto a ver. No hubo potentado que ofreciera poner de su bolsillo el dinero para una recompensa, el Papa de aquel entonces no metió ni el dedo meñique en el asunto y ningún ministro se conmovió por el hecho. Fue un caso entre decenas de millares. Por alguna razón, la página de la procuraduría mexiquense registra dos centenares de menores ausentes pero no menciona a Yazmín Monserrat, tal vez porque hace rato que la niña, si está viva, ya cumplió 18 años. Quién sabe por qué figura, en cambio, en el sitio de la procuraduría tamaulipeca.


Yazmín Monserrat


El enigma de la desaparición de Madeleine debe ser resuelto a cabalidad por las autoridades portuguesas, pero sería deseable que no se utilizara el caso para restregar en la cara de la opinión pública internacional la extremada desigualdad que impera en el mundo.

Respuestas al Cascabel: Ana Zarina Palafox señala que esa canción va incluida en el disco de oro titulado Sonidos de la Tierra que viaja a bordo del Voyager I rumbo a Sirio. “Lorenzo Barcelata, a quien se le atribuye la autoría de este son tradicional, murió en 1943, disfrutando del pleno éxito comercial en blanco y negro al que podían aspirar los músicos en esos años. Seguramente fue uno más de los que, aunque tenían piezas realmente propias, fueron acicateados por las incipientes industrias discográficas para registrar todo, incluso los sones tradicionales, y cobrar las regalías del caso. Y también estaba de moda el mariachi, como grupo oficialmente representativo de nuestro país, así que lo grabó con el Mariachi México. Digamos que ‘era un hombre de su tiempo’ y que la NASA simplemente eligió una pieza ‘bonita y alegre’, que correspondiera a la imagen turística de México. [...] ¿Qué podía encontrar la NASA? Su trabajo es explorar el espacio exterior, no las comunidades del interior. [...]” La respuesta completa de Ana Zarina, aquí.

Marco Barrera contrapuntea: “Se calcula que hoy en día hay cerca de 700 grupos de son jarocho. [...]Como buen cálculo, este puede ser erróneo por lo que creo que una de las labores del grupo de yahoo sonjarocho podría ser la de realizar ese levantamiento. En los años setenta no quedaban ni una treintena.

“Entonces México era un país eminentemente rural; hoy es una red de ciudades con un decadente número de escuálidos campesinos e indígenas que van de la agricultura a la inmigración. Hoy hay grupos de son jarocho en Washington, San Francisco, Los Angeles -seguramente en Chicago también- y afortunadamente también en Japón: los jarochos comenzaron a migrar tardíamente. No olivedmos también a nuestro jarolombiano Leopoldo Novoa, quien colombianizó antes que los narcos el gusto musical de la región sur de Veracruz con Chuchumbé, antes digo de que por la ruta de los narcos se echara a perder la cumbia colombiana con la influencia de la cumbia norteña narcotizada y de que Chespirito se volviera bufón de fiesta de algún jefe de cártel colombiano y de algún presidente enano.

Pero quizá la mayor concentración de grupos de son jarocho esté hoy en el defectuoso, en el Distrito Federal.

“En los setenta, quienes impulsaron su renacimiento despreciaban a quienes denominaban grupos de marisquería o a quienes tocaban en los Portales en la Bella Villa de la Vera Cruz: La Negra Graciana hizo su aparición en los ya legendarios encuentros en Tlacotalpan apenas hace unos cinco o seis años, si no mal recuerdo, ya que se estaba haciendo famosa.

“Lo que aún siento que hace falta es que se le escarbe más a su historia; amén de El mar de los deseos. El caribe hispano musical. Historia y contrapunto de nuestro querido Toño García de León y de otros cuántos artículos o pequeñas contribuciones, sigue habiendo un hueco duro de llenar.

“Ahora bien, están comenzando a repuntar otras variantes del son, como el huasteco, y otros géneros. No hay que perderle la pista al trabajo que está haciendo el grupo Pasatono en Oaxaca, comandado por el querido Mtro. Rubén Luengas que hablando de globalizaciones ha trabajado en el rescate de las bandas de jazz en la Mixteca y, en particular, en el uso del banjo. El Jazz y con él el banjo, llegaron a esas serranías en los años veinte y treinta del siglo pasado por distintas razones; por el impulso al Itsmo y con la Panamericana. ¿Te acuerdas de las descripciones de los viajes en los barcos de vapor por el Grijalva y el Usumacinta? En ellas también se relataban los conciertos a cubierta en la 1a clase –Arriba—, cuyos navegantes solían acompañar de un buen Remy Martin.”



Adiós al domingo. Dado el agotamiento del que escribe, y hasta nuevo aviso, Navegaciones deja de aparecer los domingos y se constriñe a los jueves. Se ruega la comprensión de tripulación y pasajeros, y seguimos en contacto diario, o casi, aquí.

19.9.07

El mundo y El cascabel

"... con una cinta morada"




  • Japoneses, mariachis, y jarochos
  • 16 versiones de un son veracruzano

El otro día Marco Barrera me mandó el vínculo al video de una interpretación muy hermosa de El cascabel, tocada por un grupo de músicos japoneses entre los que destaca Agematsu Mika, quien perfeccionó sus habilidades con maestros paraguayos, recibió el título de Maestra Arpista en Veracruz y es ya parte del panorama musical latinoamericano con una buena media docena de discos dedicados a las melodías de por aquí. Para mi sorpresa, algún usuario de Youtube dio rienda suelta a su indignación patriótica en un comentario: “No frieguen... ya los chinos nos van a piratear hasta la música del mariachi??? Chale, no es justo... como sea, le falta demasiado a la chava de la arpa para poder tocar al nivel del Vargas de Tecalitlán...” Tal vez al autor de esas palabras le terminaría de dar el soponcio si tuviera noticia de las varias bandas de mariachi que pululan en las tierras del Sol Naciente, de las que la más famosa es el Mariachi Nippon, que el año pasado tocó en la explanada delegacional de la Magdalena Contreras. Y qué dirán los masiosares cuando vean a los mismísmos de Tecalitlán interpretar en Tokio la célebre Kawa no Nagare no Yoni, o cuando una señora evidentemente nipona canta en japonés (y bien) Volver, volver.


El mariachi japonés


“Bola hueca de metal, ordinariamente del tamaño de una avellana o de una nuez, con asa y una abertura debajo rematada en dos agujeros. Lleva dentro un pedacito de hierro o latón para que, moviéndolo, suene”, dice del objeto Madre Academia, y cuenta que el baile del cascabel gordo era un “festejo o diversión en que la gente vulgar, o quienes querían imitarla, se regocijaban y alegraban”. Gracias al Mariachi Vargas la tal vulgaridad ingresó, un tanto embalsamada y disfrazada de bel canto, al Palacio de Bellas Artes de la capital mexicana; luego la cantante Yuri se encargó de convertir la refinada copla popular en vulgaridad televisiva. No voy a meterme en conflictos regionales pero es un poco raro reivindicar, en nombre del mariachi, la mexicanidad de una canción veracruzana que acabó en las trompetas y violines jaliscienses, pero sin el arpa jarocha original. Tal vez la hibridación se produjo en el Distrito Federal, en la plaza que fue bautizada en honor del revolucionario italiano José Garibaldi, nieto del célebre Giuseppe y tan alborotador como su abuelo, y quien combatió, con grado de teniente coronel, en las filas maderistas y se distinguió en el ataque a Casas Grandes, Chihuahua. En 1923 el coculense Juan Indalecio Hernández Ibarra llegó a la ciudad de México y abrió, en un local de la calle de Honduras, a un costado de la ya para entonces Plaza Garibaldi, una tienda cantina a la que puso por nombre El Tenampa. Conforme los conjuntos de mariachi se despojaban de los calzones de manta, los huaraches y los sombreros de palma, y adoptaban atuendos que emulaban a los de los hacendados, este establecimiento se convertía en emblema universal del desmadre patriotero y charro. La actual administración del lugar no sabe a ciencia cierta de dónde viene el nombre:

“Unos dicen que era la marca de un habanero ya desaparecido; otros, que así se llama un río de España; otros más, que es el nombre de una ranchería de Veracruz; o que es una derivación del vocablo tenampal, que quiere decir ‘lugar de reunión’; hay quienes piensan que es una combinación de palabras: tenebra, tenebroso y hampa”.


Jarochos californianos

Pero la referida ranchería no es tal, sino municipio veracruzano. En la Plaza Garibaldi los músicos de Cocula conviven desde hace mucho con los procedentes del Golfo, y el repertorio tradicional del mariachi, lejos de limitarse a los sones de Jalisco, suele incluir canciones rancheras, corridos, huapangos, sones jarochos, valses mexicanos, trova yucateca, baladas modernas e incluso piezas caribeñas, como el Lamento borincano de Rafael Hernández. Hagamos rabiar al Masiosare: “Yoshiro Hiroishi, cantante de fama indiscutible entre el público japonés, grabó Sabor a mí, con la que Alvaro Carrillo obtuvo el triunfo definitivo. Cuando el asiático visitó la ciudad de México, localizó al oaxaqueño, que actuaba en un centro nocturno, se vistió a la usanza tradicional japonesa, fue al antro y se presentó en el escenario con su guitarra y cantó Sabor a mí con éxito inusitado”. Por descontado, el mariachi está bien representado en la Península Ibérica por Semblanza Mexicana (Barcelona), Mariachi Azteca (Bilbao) y Grupo Mencey (Canarias), entre otros.


Los soneros holandeses


Madres, que ya voy a terminar y se me andaba olvidando El cascabel, que además de jarocho y jalisquillo es huasteco, como lo exhiben Los Camperos de Valles; se le escucha en Turquía con dos de sus instrumentos originales, el arpa y la quijada de burro; y si uno anda perdido en Wassenaar, en las afueras de Rotterdam, puede acudir al número 2421 de Polanenpark, tocar la puerta, preguntar por Gerrit van Ommering y por sus compañeros Mayra y Fred de Haas, y pedir que por amor de Dios interpreten un Cascabel muy aceptable y cantado casi sin acento. No son los únicos en Holanda: por allá anda también, o andaba, en el número 80 de la Granidastraat, Amsterdam, el sonero Félix Pérez. La melodía la toca asimismo un dueto formado por el californiano John Robles y el chiapaneco Jorge Mijangos. Mono Blanco y el Grupo Siquisirí interpretan la pieza como los ángeles, pero ello no es obstáculo para que la entonen también los Niños Cantores de Morelia, que grupos menos conocidos la toquen en las calles de cualquier ciudad o en en los restaurantes, o que jóvenes virtuosos o más bien chambones la ejecuten en sus habitaciones sin más público que una cámara de video.

Cuestión de gustos: a mí la que más me late es la versión de Antonio García de León que viene en el álbum Zacamandú / Antiguos sones jarochos. Espero no causar estropicios autorales terribles dejando aquí esa rola (archivo de baja calidad, si es que eso es atenuante de algo). Para estas notas he recurrido a Youtube en forma exhaustiva: 16 versiones de El cascabel.

No quiero irme sin agradecer, tardíamente, a Francisco Onésimo Torres, a Ana Zarina Palafox y a Lourdes Aguirre Beltrán, por el cálido y decimero recibimiento que me brindaron en el portentoso grupo de Yahoo Sonjarocho ni sin felicitar al Tlacuiloco porque se sacudió de encima al zopilote que lo andaba merodeando. Pues sí, querido Marco: no me imagino a un alemán que se espante cuando los mexicanos interpretan a Bach o a Beethoven, ni a un inglés engorilado por un palomazo de una rola de los Beatles en la colonia Narvarte. La música tiene cuna, pero no patria, o bien su patria es el mundo. Y vaya que las notas de origen mexicano lo han poblado.


19 de septiembre

El 19 de septiembre de 1984 metimos a la circulación (digo "metimos" porque fue a martillazos contra las inercias y el cerco) el primer número de La Jornada. Un año exacto después se cayó media ciudad. O sea que esta fecha está cargada de esencias. En ambos casos, El Fis y el que escribe estaban hombro con hombro, pero la hermandad viene de antes. Hoy, ahí vamos de nuevo, y a ver qué pasa. Invitación abierta.

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17.9.07

Disciplina fiscal


Es el primero de los mandamientos del credo neoliberal: que el Estado no gaste más de lo que tiene, y menos si es en veleidades populistas como crear empleos, asegurar la impartición de educación pública o garantizar la atención médica a toda la población. Ese credo, que en la cabeza de Vicente Fox desempeñó un papel más importante que el católico, hizo posible que en la pasada administración el gobierno mexicano racionalizara sus gastos de manera ejemplar: pagó puntualmente las deudas de los banqueros, que de privadas pasaron a ser públicas por un malabarismo de su antecesor (también neoliberal), ejerció una presidencia parrandera y ostentosa e inventó múltiples oportunidades de negocio para sus amigos y parientes, pero en materia de gasto social observó una estricta disciplina fiscal. Y aunque desde mediados de su sexenio cacareaba una reducción imaginaria, pero sustancial, de la pobreza, investigadores como Julio Boltvinik y Araceli Damián pusieron en evidencia que ese cálculo no correspondía a la realidad sino a la imaginación de escritores como José Luis Borgues o Rabina Gran Tagora: gracias a la disciplina fiscal foxista casi siete millones de mexicanos –pobres, en su gran mayoría-- tuvieron que abandonar el país en busca de trabajo y fueron descontados del total nacional de pobres.

Otro de los partidarios destacados de la disciplina fiscal es George W. Bush, quien hace siete años recibió la administración pública de Estados Unidos en condición superavitaria. De entonces a la fecha, el texano ha logrado crear un déficit en las finanzas públicas que el año fiscal pasado fue de 248 mil 200 millones de dólares. El fenómeno se explica principalmente por el sostenido esfuerzo de la Casa Blanca para generar oportunidades de negocio en Irak a las empresas cercanas al entorno presidencial:.cientos o miles de millones de dólares se han esfumado en las manos de los funcionarios gubernamentales y de los contratistas que trabajan en la “reconstrucción” del país árabe. Las “autoridades nacionales” iraquíes no se han quedado cortas; hasta es posible que hayan superado a sus jefes en materia de corrupción, fenómeno que, de acuerdo con auditores estadunidenses, se ha convertido en “una segunda insurgencia” que frena la normalización de Irak e impide la consolidación de un gobierno real.

Pero en materia de política social, el gobierno de Bush sí que ha sido disciplinado. En agosto el Buró del Censo reportó que “el ingreso promedio nacional se incrementó 0.7 por ciento el año pasado y alcanzó un total de 48 mil 201 dólares; además, registró una reducción de 0.3 por ciento en el número de hogares en la pobreza” (nota de David Brooks del 31/08/2007). Bush se vanaglorió: “Cuando mantenemos bajos los impuestos, limitamos el gasto público, y abierta nuestra economía… todos los estadunidenses se benefician”, dijo, pero los árboles de los datos no le permitieron ver el bosque de la realidad social, en el cual el número real de pobres se ha incrementado en cinco millones de 2001 a la fecha y que en ese lapso el ingreso promedio de los estadunidenses se ha reducido en mil dólares anuales.

En su libro de memorias, The age of turbulence: adventures in a New World (La era de las turbulencias: aventuras en un nuevo mundo), presentado ayer, Alan Greenspan, ex presidente de la Reserva Federal, reprocha la particular práctica bushista de la disciplina fiscal y se lamenta que sus amigos neoliberales hayan abandonado lo que él considera “ideales económicos básicos”. Le preocupa el desarreglo de los indicadores, no la catástrofe social. Parece irremediablemente convencido de que la economía existe y puede manejarse al margen de los humanos. Al parecer, no se da cuenta –pobre— que la hipocresía de los disciplinadores fiscales es la prueba del fracaso de un pensamiento conservador en lo político, neoliberal en lo económico y corrupto en los hechos, que hace agua por todos lados y que ya no da para más.





16.9.07

Elogio del subversivo


  • Recordación de Hidalgo
  • Condenar la violencia, ¿pero cuál?
Escribía Emilio Rabasa en La evolución histórica de México que “la raza blanca entró en el país de las de color de bronce, las sujetó a su dominio, mató sus energías, las subordinó a su interés y las consideró y mantuvo en condición inferior, como instrumentos de trabajo, algunas veces inferiores a las bestias, en otras iguales, en todas dándoles por benevolencia lo que no tenían derecho de esperar por justicia”. “Esta realidad social, característica del siglo XVI, no había variado sustancialmente en el XIX”, apuntó décadas más tarde Ernesto Lemoine en un ensayo sobre las postrimerías el régimen colonial. Pongamos clases en donde Rabasa decía razas y es posible que en el despunte del XXI estemos regresando a ese estado de cosas, piensa este navegante mientras observa a la señora de la Miniván que redondea con benevolencia unos centavos destinados, se supone, a dar un kilo de ayuda que los jodidos de este país “no tienen derecho de esperar por justicia”.
Fue contra ese desorden de cosas que se sublevó Miguel Hidalgo y Costilla en la madrugada del 16 de septiembre de1810. Tal vez en esos momentos angustiosos estaba más bien preocupado por consumar una huída hacia adelante --el gobierno acababa de descubrir la conspiración de Querétaro-- y de seguro no imaginó que iba a ser llamado Padre de la Patria ni que, años más tarde, su extraña cabeza, a la vez calva y melenuda, adornaría lo más cimero y lo más extendido de los monumentos nacionales. Desde luego, ni siquiera en el breve interregno de las Cortes de Cádiz el régimen virreinal habría dejado otro camino para la independencia que la subversión violenta de lo establecido.
Lemoine: “Mientras desde la capital las principales corporaciones realistas (Universidad, Consulado, Arzobispado, Santo Oficio) lanzaban un diluvio de impresos para desacreditar y aplastar, en el terreno moral, religioso y político, a la revolución y a su primer caudillo, el movimiento se propagaba por casi todas las provincias del virreinato. El ambiente se saturó de olor a pólvora, de sangre, de violencia y destrucción, pero también de entusiasmo y esperanza”. Vista con ojos del siglo XXI, y aun del XIX, fue particularmente atroz la masacre de gachupines que perpetraron las tropas insurgentes en Guanajuato, tras la caída de la Alhóndiga, y que fue tolerada, si no es que propiciada, por el mismo Hidalgo. Los defensores derrotados “abrazábanse unos a otros, puestos de rodillas, implorando inútilmente la clemencia de los vencedores; pero éstos, muy lejos de apiadarse, comenzaron a matar a cuantos encontraban”, escribió dos décadas después Carlos María de Bustamante.
Manuel Abad y Queipo, religioso peninsular de tendencia liberal y promotor de la independencia de México, no le perdonó estas acciones a su amigo Hidalgo y a la vuelta de los meses acabó por redactar el tristemente célebre decreto de excomunión que maldecía las uñas, el pelo, los ojos, los huesos y no sé cuántas partes anatómicas más del Padre de la Patria. Pero éste no fue excomulgado por hereje sino por levantisco --aunque en ese tiempo se le llamara herejía a la rebelión-- y por haber puesto en un severo predicamento al orden establecido. Para la oligarquía virreinal debió ser particularmente detestable la vena plebeya del cura subversivo, quien adoptó medidas inmediatas de bienestar popular durante su breve gesta: abolió la esclavitud y el pago de tributos, propuso el establecimiento de un Congreso Nacional, esbozó el reparto de tierras y prefiguró las garantías individuales al decretar la igualdad social y la libertad de trabajo y de comercio. Esa misma vena, retomada después por Morelos y por Guerrero, da un sello característico a la Independencia de México y la distingue de la estadunidense, lograda en beneficio de los hacendados blancos, y de la centroamericana, decretada por una junta de notables, y en cuya acta se asienta, sin ningún pudor, la urgencia de declarar la independencia “para prevenir las consecuencias temibles en el caso de que la proclamase de hecho el mismo pueblo.”
Hidalgo era mal visto por algunos partidarios del orden virreinal desde mucho antes de la Conspiración de Querétaro. Justamente en tiempos de la Revolución Francesa, a su casa del curato de San Felipe se le conocía como “la pequeña Francia”, por la libertad de discusión y el trato igualitario a quienes acudían a ella, y en 1800 un fraile Casasús informó a sus superiores: “Tengo muy mal concepto del cura de San Felipe por lo que públicamente se dice de su vida escandalosa y de la comitiva de gente villana que come, bebe, baila y putea perpetuamente en esa casa…” Putear, quién sabe, pero ciertamente el sacerdote rebelde convivió abiertamente con por lo menos dos mujeres: Manuela Ramos Pichardo, con la que procreó a Agustina y Mariano, y posteriormente con Josefa Quintana, con quien tuvo a Micaela y a María. Es posible que haya sido un buen padre.
Dice el aforismo que la hipocresía es el tributo que el vicio rinde a la virtud, y en esta fecha el poder establecido homenajea a la subversión. pero hace apenas unas horas Felipe Calderón exigió a todo el país que condene “de manera clara e inequívoca” “a los enemigos que buscan dañar con actos criminales” el patrimonio nacional, en referencia a los sabotajes del EPR contra ductos de Pemex. (A casi nadie se le ocurriría comparar a los eperristas con Hidalgo, pero la oligarquía de la que Calderón es representante temporal --y prescindible, como él mismo debe estarse dando cuenta-- sí que empieza a parecerse a la corte virreinal.) Luego, el panista dividió al país en dos: “Quienes apoyamos la democracia y quienes la cancelan por la vía de la violencia”. Curiosos, esos demócratas enardecidos que se niegan a contar los votos uno por uno cuando se presenta el 0.56 por ciento de una duda. En más de un sentido, son ellos los responsables de los barruntos de violencia, y no hablo sólo de la represiva, que empieza a asomar los colmillos --o díganme en nombre de qué se expropia, con la fuerza pública, un tercio del Zócalo para llevar a cabo allí una celebración de acarreados y cerrada al pueblo--, sino del hambre, de la insalubridad, de la falta de acceso a la justicia y de la obscena desigualdad a las que este gobierno y sus antecesores han condenado a una buena parte de la población nacional, y que son, también formas de violencia. Calderón no será tan falto de luces como para desconocer que ningún llamado a la lucha armada tiene posibilidades de éxito si no se alimenta de un descontento generalizado y profundo que haga sentir a muchos que ya no tienen nada que perder.
Estamos a tres años de celebrar (o quién sabe) el fin del Porfiriato. Lo deseable es evitar que se repita el ciclo centenario de confrontaciones e impedir que en los alrededores de 2010 tenga lugar un estallido social como los ocurridos en 1810 y 1910. Me temo que para lograrlo no bastará con perseguir a los eperristas, y ni siquiera reeditar las guerras sucias de los años setenta del siglo pasado. Se requiere desmontar el orden oligárquico, excluyente, cada vez más autoritario y desde hace mucho corruptísimo, implantado desde el poder por los neoliberales mexicanos. Eso se puede y se debe hacer en paz y democracia, siempre y cuando el grupo gobernante se abstenga de hacer trampa y de quebrantar las reglas de la democracia y de la paz cada vez que le conviene.
Hoy, para el poder, Hidalgo es más incómodo que nunca.



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Posdata del 18 de septiembre: Acabo de descubrir (me cae) que, justamente hace un año, Santiago Roncagliolo intituló uno de sus posts, divertidísimo y trágico, por cierto, "Elogio del subversivo". Lamento el plagio involuntario del título; lo que viene después en aquél y en éste no tiene nada en común. ¿O sí?

15.9.07

Provocaciones calderonistas en el Zócalo

sábado 15 de septiembre, 6:30 am: Opositores al gobierno situados en el Zócalo capitalino reportan que ha sido cercados por elementos del Estado Mayor Presidencial, quienes han cerrado todas las entradas a la plaza y les impiden a los presentes salir de ella. Me comunico vía celular con una de las personas que se encuentran en el lugar y me informa que la salida ha sido reabierta, y que millitares vestidos de civil han emprendido una intimidación sistemática contra los presentes y que las provocaciones han dado lugar a conatos de violencia. Al parercer, los elementos del Estado mayor Presidencial pretendían sacar del Zócalo el equipo de sonido instalado para la ceremonia opositora de esta tarde. Muchos de quienes se aprestaban a celebrar esta tarde el "Grito de los Libres" se han retirado de la plaza, por temor a los efectivos de Felipe Calderón.

08:01 am.- Mis interlocutores en el Zócalo me informan que la situación se ha normalizado y que los elementos gubernamentales han cesado sus actos de provocación. Como consecuencia de ellos, la presencia de los opositores ha sido diezmada: "ahora son más ellos (los soldados y guaruras de Calderón) que nosotros", me dice una informante.

14.9.07

El alimento mentiroso




SEPAN LO SEPAN LO SEPAN

Ay la mentira que vivimos
fue el pan nuestro de cada día.
Señores del siglo veintiuno,
es necesario que se sepa
lo que nosotros no supimos,
que se vea el contra y el por,
porque no lo vimos nosotros,
y que no coma nadie más
el alimento mentiroso
que en nuestro tiempo nos nutría.

Fue el siglo comunicativo
de las incomunicaciones:
los cables debajo del mar
fueron a veces verdaderos
cuando la mentira llegó
a tener mayor latitud
y longitudes que el océano:
los lenguajes se acostumbraron
a aderezar el disimulo,
a sugerir las amenazas,
y las largas lenguas del cable
enrollaron como serpientes
el mentidero colosal
hasta que todos compartimos
la batalla de la mentira
y después de mentir corriendo
salimos mintiendo a matar,
llegamos mintiendo a morir.

Mentíamos con los amigos
en la tristeza o el silencio
y el enemigo nos mintió
con la boca llena de odio.

Fue la edad fría de la guerra.

La edad tranquila del odio.

Una bomba de cuando en cuando
quemaba el alma de Viet Nam.

Y Dios metido en su escondite
acechaba como una araña
a los remotos provincianos
que con soñolienta pasión
caían en el adulterio.


Pablo Neruda
(Fin de mundo)


12.9.07

Impecable y diamantina


  • La patria de cada uno
  • El salario de Felipe

Como se acerca el 15 de septiembre me pregunté “¿qué es la patria?”, y mi compatriota Aura Perroni se ofreció para repetir la pregunta a gente diversa. He aquí algunas de las respuestas por ella recabadas.

Paradójicamente, la patria es “varios motivos para el exilio; un espacio al que se pertenece, en el que adquieres cultura, idioma e idiosincrasia; el sitio, la circunstancia, el contexto con el que se escribe la Historia; el mejor pretexto para obtener poder y hacer la guerra”, señala Ana Romeu.



“Patria es una cantina que estaba en el centro de la Ciudad de México por los sesenta. Ahí se reunía la clase política mexicana. Servían una bebida muy famosa por sus efectos secundarios, entre ellos: daba identidad de grupo, motivaba hazañas heroicas (aunque no tenían ningún sentido), engrandecía los ánimos territoriales. De ahí salió una frase conocida, ‘La patria es primero’ grito de guerra que vociferaba la clase política para reducir las garantías individuales. La patria se ha convertido en mucho menos de lo que debería ser. Claro que me refiero a la cantina, aquella de los años sesenta, hoy, una triste lonchería,” reseña Miguel Ángel Sánchez. Griselda Ramos, por su parte, dice: “Mi patria y mi guitarra las llevo en mí, como dijo Serrat, y se acabó.”

“La patria es todo lo que me ha nutrido. Es la gente que está a mi alrededor, los edificios, la ventanería de aluminio dorado y paredes rosa mexicano, las irregularidades electorales, Acapulco, el tequila o el mezcal. También se podría definir como un lugar surreal y como el lugar en donde he crecido”, afirma Jan Suter. Marisela Flores Garibay la define como “la identidad de cada uno de los miembros de un país, eso es la Patria. Tu orgullo, tu raíz.”



Alejandro López asocia la patria con “un lugar por el que sientes arraigo y pertenencia, y con cuyos símbolos culturales te identificas. La palabra me remite más a la comida, a las fiestas y a la gente y no tanto al himno, la bandera o los valores nacionales. Siempre he creído que pertenezco más al México de las multitudes que al de las oficialidades ceremoniosas.” Lourdes Velázquez Sánchez comenta: “La patria es algo que no puedo ver, oler ni tocar. Sé que existe pero no sé dónde está. Desde siempre he escuchado frases como ‘la patria es primero’, ‘somos muy patriotas’, ‘por la patria hasta la muerte’ pero quién en realidad siente la patria. La patria no es otra cosa que una cuestión de fe.”

Iván Juárez recuerda: “Cuando estaba en la Primaria solía pensar que era algo acolchonado, apapachable y casi divertido, por aquello de la Suave Patria de López Velarde. Ahora la siento algo áspera y dura, como una roca. Algo que se permea en cada sexenio. La patria me duele cuando se pierde una elección dudosa y cerrada. Aquella vez fue la última que sentí una frustrada y acongojada patria.”



La patria “es la vida sin salmonelosis; es la Independencia sin tifoidea; es México sin cólera”, recapitula Samantha Sánchez, quien está enferma de la panza. “Puede compaginarse con una nación pero ni siquiera se requiere del Estado para definirla”, reflexiona Ernesto Iturbe

Karla Pons define: “Es el lugar que se adentra en el corazón como propio, no necesariamente el que nos vio nacer, pero sí en el que hemos pasado los eventos más importantes de nuestra vida. Es una extensión de tierra que tomamos como propia, con derecho, y en la que cual queremos que se rieguen nuestras cenizas”.

* * *


Impecable y diamantina, la percibía López Velarde, y quiso la vida que su percepción se nos contagiara a millones desde los primeros años de la escuela, creo que por medio de los libros de texto gratuitos que tenían en la portada a la china de Jorge González Camarena. No sé si las metáforas del zacatecano siguen estallando sin necesidad de explicaciones en la imaginación de los niños actuales, pero por aquel tiempo aún era dable respirar en los rincones de la capital mexicana algunos de los aires provincianos y simples de la Suave Patria. Yo empecé a ser mexicano desde el 4° de Primaria (“usted es mexicano desde el primer día que pisó este país”, me escribió hace poco Evangelina, y su mensaje me hizo chillar), pero eso no me quitó lo latinoamericano, y aunque reaccionaba bien al programa afectivo de López Velarde, funcionaba también con el del dominicano Pedro Mir, quien celebraba a la patria pero se dolía de su condición:

Si alguien quiere saber cuál es mi patria
no la busque,
no pregunte por ella.
Siga el rastro goteante por el mapa
y su efigie de patas imperfectas.
No pregunte si viene del rocío
o si tiene espirales en las piedras
o si tiene sabor ultramarino
o si el clima le huele en primavera.
No la busque ni alargue las pupilas.
No pregunte por ella. [...]

No quiera saber si hay bosques, trinos,
penínsulas muchísimas y ajenas,
o si hay cuatro cadenas de montañas,
todas derechas,
o si hay varios destinos de bahías
y todas extranjeras.



Los panistas históricos, que eran unos tipos honestos y comprometidos con el país y con la democracia, pero no tanto con la literatura, prefirieron los adjetivos “ordenada y generosa” para su su lema partidario. Pero cuando la actual generación de líderes de Acción Nacional llegó al poder, propició un desorden y una mezquindad como no se habían visto nunca, aunque hay que reconocer que los priístas de la última camada les facilitaron el trabajo.



Hace un par de años Enrique Florescano señalaba que el gobierno foxista abandonaba “los símbolos de nación, patria y Estado”. Más grave es que el guanajuatense y su sucesor michoacano no quieran saber nada de los 19 millones de mexicanos que no tienen ingresos suficientes para comer ni de los otros 50 millones que carecen de recursos para cubrir sus necesidades básicas de alimentación, salud, vestido, vivienda, educación y transporte. Para estas multitudes la patria, me temo, no es impecable y diamantina ni, desde luego, ordenada y generosa. A comienzos de este gobierno la Comisión Nacional de Salarios Mínimos decretó un aumento de 57 pesos mensuales a los sueldos básicos, que quedaron, en el mejor de los casos, en mil 517 pesos al mes (136.59 dólares, para que entiendan los lectores extranjeros); los representantes “obreros” ante esa comisión (Adolfo Gott Trujillo y Javier Pineda Serino, quienes de seguro cobran un poquito más) acataron la decisión “para demostrar que el movimiento obrero no será obstáculo para el proyecto de gobierno de Felipe Calderón”.



Ese “proyecto de gobierno” incluye la petición de la Presidencia de incrementar en 58 mil 40 pesos mensuales el salario de su titular para dejarlo en la bonita suma de 277 mil 915 pesos (25 mil 012.30 dólares), incluidas prestaciones, con la salvedad de que el titular del Ejecutivo Federal no gasta un centavo de su dinero en alimentos, transporte, salud y vivienda para él y su familia. La patria tal vez no, pero el presupuesto sí que te resultó generoso, Felipe; y es que cuando digo patria

no me refiero al taco de carnitas
ni a la fiesta con cohetes y sombreros;
hablo de los infiernos maquileros
nutridos por modernas adelitas.

Hablo del presupuesto que le quitas
al agro y que le das a los banqueros;
hablo de los mendigos casi en cueros
que en el alto te venden las gomitas.

No hablemos de la patria en las alturas
sino de la de abajo, la doliente,
de la que te divorcian tus guaruras,

esa que se quedó sin presidente
y aunque se te alboroten las agruras,
te llama usurpador, y no te miente.

11.9.07

Incrementos salariales


Felipe Calderón Hinojosa planteó a la Cámara de Diputados un aumento a su salario de 58 mil 40 pesos al mes para 2008, cifra que representa casi cuatro veces más la disminución al sueldo que se fijó como parte del decreto de austeridad. Con ello, las percepciones anuales del mandatario serían de 2 millones y medio de pesos –208 mil 570 mensuales–, es decir, casi 700 mil pesos más que las de 2007, monto al que pretende se le asignen 832 mil 136 pesos más en prestaciones. En total, las percepciones de Calderón serían de 3 millones 334 mil 987 pesos para el siguiente ejercicio fiscal, aumento que forma parte de la política de la Presidencia de la República de solicitar un incremento de 9.3 por ciento a su gasto total, que incluye un crecimiento al presupuesto para imagen, comunicación social, el Estado Mayor Presidencial y la operación de la flota aérea presidencial.

Para el próximo año, Calderón solicitó asignaciones por mil 774 millones 785 mil 100 pesos para Los Pinos, de los cuales 985 millones 407 mil 450 se destinarán a servicios personales; esto es, al pago de salarios y prestaciones de mil 658 plazas sectorizadas a la Presidencia, incluida la de Calderón. Además, de acuerdo con el proyecto de Presupuesto de Egresos, los salarios de los secretarios de Estado subirían 57 mil 588 pesos y de los subsecretarios 55 mil 615 pesos, lo cual rompe con el programa de austeridad y contrasta con el discurso de Calderón del 3 de diciembre de 2006, cuando aseguró que en Los sentimientos de la Nación, José María Morelos convocó a moderar la opulencia y la indigencia y aumentar el jornal del pobre.

En total, a la hacienda pública los salarios de los 17 integrantes del gabinete y el del jefe de la Oficina de la Presidencia, Juan Camilo Mouriño, que en el tabulador de servidores públicos tiene el nivel GA1 (secretario de Estado) le costarán 44 millones 306 mil 370 pesos y 14 millones 364 mil 630 pesos más en prestaciones.

* * *
El incremento a los salarios mínimos a partir del 1 de enero del año próximo será de 3.9 por ciento, lo que significará, apenas, un peso con noventa centavos para el área geográfica “A”, el cual ascenderá a un total de 50.57 pesos diarios, mientras que para el área geográfica “B” será de 49 pesos y para el área geográfica “C”, de 47.60 pesos diarios. De esta manera, el Consejo de representantes de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (CNSM) acordó otorgar un aumento general parejo a las tres áreas geográficas para 2007 de 3.9 por ciento. El Consejo de representantes determinó mantener para 2007 la actual integración municipal de las áreas geográficas para la aplicación de los salarios mínimos.

Basilio González Núñez, presidente de la CNSM, informó que para las 86 profesiones, oficios y trabajos especiales, a los que se les fijan salarios mínimos profesionales, el Consejo acordó que éstos aumentarán en la misma proporción de 3.9 por ciento. El área geográfica “A” con salario de 50.57 pesos tenía 48.67 pesos y comprende el Distrito Federal y su área metropolitana, los estados de Baja California y Baja California Sur, así como las ciudades de Acapulco, Ciudad Juárez, Nogales, Matamoros y Coatzacoalcos. El salario mínimo del área geográfica “B” pasa de 47.16 a 49 pesos diarios, y el de la “C” pasa de 45.81 a 47.60 pesos diarios.

(20 de diciembre de 2006)

* * *
México es un país profundamente desigual en donde al menos 47 por ciento de la población vive en situación de pobreza patrimonial y el 18.2 por ciento [unos 19 millones de personas] enfrenta pobreza alimentaria, reconoció Beatriz Zavala Peniche, durante su comparecencia ante las Comisiones de Desarrollo Social y de Desarrollo Urbano de la Cámara de Senadores.







EPR: nuevos atentados


Las explosiones de ayer en Veracruz: en el primer plano, a la derecha, la causa; al fondo, a la izquerda, el efecto.

El aznarcito


Días antes del 34 aniversario del golpe militar de 1973 en Chile, el mexicano Manuel Espino, presidente del partido oficial y de la Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA), abogó por sus amigos pinochetistas chilenos (Hernán Buchi, ministro de Hacienda durante la dictadura, Joaquín Lavín, Sebastián Piñera) y recomendó a la Democracia Cristiana del país austral, que forma parte de la coalición gobernante, que revise su participación en la “izquierdizada e ideologizada” administración de Michelle Bachelet y haga causa común con la Unión Democrática Independiente y Renovación Nacional, los grupos ultraderechistas de Lavín y de Piñera. En suma, llamó a la DC chilena a emprender contra Bachelet lo que vendría a ser un golpe de Estado parlamentario.

Por conducto de la senadora Soledad Alvear, la DC le dijo a Espino que“los partidos de la derecha chilena que usted promueve a través de invitaciones a participar en instancias de nuestra organización sustentaron una de las dictaduras más atroces de América Latina, defendieron a Pinochet hasta el último minuto y avalaron las violaciones a los derechos humanos
de manera sistemática”.



Han pasado 34 años desde el golpe militar del 11 de septiembre de 1973. Ese día, millones de personas de todas las edades, a lo largo de todo el mundo, lloramos de rabia e impotencia. Sobre los quinceañeros chilenos se abatió una noche que les robó buena parte de la vida, cuando no la vida completa. Muchos pubertos y adolescentes de fuera del país austral conocimos el infierno por las noticias de los diarios, las conversaciones telefónicas y los noticieros, y ese conocimiento nos metió de un empujón en la edad adulta: supimos que los asesinos no viven únicamente en las páginas de las novelas sino que pululan con sus patas reales sobre este pobre planeta y que son capaces de descuartizar a todo aquel que pugne por sociedades más justas y humanas. Manuel de Jesús Espino Barrientos estaba a punto de cumplir 14 años y quién sabe si se enteró de lo que ocurría en el sur del continente. Tal vez soñara con emular al cristerito mártir José Sánchez del Río; puede ser que se enterara de las noticias procedentes de Chile y se sintiera jubiloso por aquella victoria de los valores occidentales y cristianos sobre el comunismo, o acaso no estaba al tanto de nada y se pasó la tarde escuchando Palomitas de maíz y Eres tú en una grabadora de cassette.

Como ocurre cada vez que el aznarcito duranguense provoca un incendio en las relaciones internacionales, el calderonismo se deslindó y dijo que las palabras de Espino no eran representantivas del gobierno ni del partido blanquiazules. Lo mismo pasa cuando arremete contra los presidentes de Venezuela o de España. Se ha difundido la idea de que Felipe Calderón y Manuel Espino encabezan facciones confrontadas de Acción Nacional y que, durante el proceso electoral del año pasado, el segundo mantuvo una permanente hostilidad al candidato presidencial de su partido. Tal vez sea cierto, o no. También puede ocurrir que los contrastes entre el gobernante y el dirigente sean un juego parecido al del policía bueno y el policía malo, en el que la presencia del segundo se emplea para apuntalar la confianza en el primero. Lo cierto es que tienen más puntos en común de lo que pudiera parecer a primera vista, como la pasión por un “orden” entendido como intolerancia represiva, y que en ocasiones el michoacano acepta que el duranguense le organice la agenda. Por ejemplo, en octubre pasado, en un viaje a Santiago de Chile, Calderón se reunió con los pinochetistas Lavín y Piñera. Ya mudado a Los Pinos, en julio, recibió al alcalde electo de Buenos Aires, el derechista Mauricio Macri, quien había sido invitado a México por el presidente panista, unas horas antes del encuentro con el presidente Néstor Kirchner, y a pesar de la molestia que –se supo— generó en la cancillería argentina la cercanía de ambas citas.

Tal vez Espino no sea el “fuego amigo” de Calderón, sino su aliado; es posible que cada cual desempeñe un papel definido de antemano como el rostro duro y el rostro menos duro de un proyecto autoritario y excluyente. Acaso el presidente nacional del PAN sea un hombre muy valioso por su contribución al esclarecimiento de lo que el discurso oficial enturbia y empaña. Puede ser que su función sea tan útil y apreciable como una etiqueta de advertencia en el frasco de una sustancia tóxica.


9.9.07

Palancas y botones

La fantasía del genio

  • Caducidad de Arquímedes y de Freud
  • Del Ars Amandi de Ovidio a la Guía sexual de Durex
En tiempos recientes Arquímedes ha sido severamente vapuleado. Hace un par de años, científicos del Instituto de Tecnología de Massachussets y de la Universidad de Arizona intentaron reproducir, sin éxito, las lupas y los espejos que el sabio griego diseñó, según la leyenda, para incendiar las galeras del general romano Marcelo que sitiaban Siracusa. Para colmo, algún físico moderno ha calculado las condiciones bajo las cuales sería posible cumplir la frase arquimediana “dadme un punto de apoyo (fulcro) y moveré el mundo”, y sus conclusiones son desalentadoras: de poderse se puede, pero para que un humano de fuerza mediana pudiera mover un centímetro esta pelota de seis mil trillones de toneladas tendría que hallar el fulcro adecuado, luego construir una palanca con una longitud de diez millones de años luz, es decir, cien veces más larga que el diámetro de nuestra galaxia, y después la mano que moviera esa palanca debería recorrer un arco de un billón de años luz (ojo, chato, que ese trayecto te toma un tiempo equivalente a diez veces la edad del universo), y sí, a la postre conseguiría alzar un centímetro este planetucho de porquería.

Pese a sus limitaciones, esa ley de Arquímedes se mantuvo vigente en las interfases de la tecnología hasta mediados del siglo XX y el poder de la palanca fue tan apreciado que se convirtió en metáfora del poder a secas: “tener palancas”. Se empleaban en toda suerte de maquinaria, desde hornos de fundición hasta máquinas de escribir, como interruptores eléctricos, y aún se les puede ver, muy orondas ellas, emergiendo de la caja de transmisión de los automóviles. Esa popularidad es consistente con el hecho de que, desde el Neolítico y creo que hasta la fecha, vivimos en sociedades preponderantemente falocráticas en las que la porción masculina de la humanidad ha tenido la sartén por el mango y en las que el control sobre los demás se representa por medio de cetros, báculos, férulas, varas y bastones de mando.


Carlos X de Francia y su cetro


En pleno esplendor
del Rey Vergara un célebre neurótico de Viena ideó la fantasía perfecta para explicar las diferencias en el desarrollo de los dos géneros: “Si investigamos hasta una profundidad suficiente la neurosis de una mujer, tropezamos frecuentemente con el deseo reprimido de poseer, como el hombre, un pene. A este deseo lo denominamos ‘envidia del pene’ [...] En otras mujeres no aparece este deseo, pero sí el de tener un hijo, deseo cuyo incumplimiento puede luego desencadenar la neurosis. Es como si hubieran comprendido —cosa imposible en la realidad— que la naturaleza les ha dado los hijos como compensación de lo que hubo de negarle. Por último, en una tercera clase de mujeres averiguamos que abrigaron sucesivamente ambos deseos. Primero quisieron poseer un pene como el hombre, y en una época ulterior, pero todavía infantil, se sustituyó en ellas a ese deseo el de tener un hijo [...] No nos es difícil indicar el destino que sigue el deseo infantil de poseer un pene cuando la sujeto permanece exenta de toda perturbación neurótica en su vida ulterior. Se transforma entonces en el de encontrar marido, aceptando así al hombre como un elemento accesorio inseparable del pene.” Y lo que en la mujer era envidia por no tenerlo, en el hombre era un pánico a perderlo que nuestro autor llamó “complejo de castración”.

Si el buenazo de Segismundo hubiera tenido noticia de los millones de dólares que se mueven en el mercado actual de productos y tratamientos dudosos para ensanchar y alargar el miembro masculino —desde pastillas de hierbas hasta cirugía, pasando por plomadas y bombas de vacío—, se habría dado cuenta que la envidia del pene causa muchos más estragos entre los hombres que entre las mujeres y que buena parte de los primeros viven en la añoranza de una mayor palanca arquimediana con la (falsa) ilusión de que con ella moverán al planeta.

Quién sabe si la naturaleza humana imita al arte o si es al revés, pero a mediados del siglo pasado el mundo se dio un golpe en la cabeza y el poderío masculino empezó a remitir. Coincidencia o no, la mecánica fue cediendo su sitio a la electromecánica y ésta, a su vez, a la electrónica, y con ello las palancas fueron remplazadas en los mecanismos de mando (es decir, de poder) por componentes más sutiles: interruptores redondos que requerían de menores recorridos y de menos fuerza. Un momento clave en ese proceso fue cuando la energía demencial de las armas atómicas quedó localizada, así fuera en el imaginario colectivo, en el botón nuclear. En forma paralela al creciente acceso de las mujeres al poder, las interfases tecnológicas experimentan la poda de las palancas y el florecimiento de los botones.

Al principio éstos se asociaban con funciones específicas y las consolas de control eran unas enormes mazorcas de granos luminosos. Poco a poco, se ha llegado al predominio del botón genérico que otorga el mando sobre cientos, miles o millones de botones virtuales: la tecla “Enter”, el clic del mouse, el mecanismo de control de los iPod y de los celulares modernos. La palabra botón tiene significados varios: designa a la pieza que permite abrir y cerrar las prendas de vestir, al dispositivo que activa funciones y a la flor que no ha abierto sus pétalos. Tal vez resulte exagerado y mecanicista ver en este cambio sostenido un síntoma del tránsito de una era fálica a una clitoriana. Pero no necesariamente por estas representaciones del poder, sino también por la capacidad de placer, acaso no esté lejano el día (algo se ha esbozado ya por ahí), en que alguien acuñe el concepto de la envidia masculina del clítoris.

Ese sentimiento pudo ser responsable de que se relegara al olvido conocimientos ancestrales y básicos de la anatomía femenina. En The-clitoris.com se lee: “La revelación de Master y Johnson de que el orgasmo femenino es casi por completo clitoriano habría sido algo común para todas las comadres del siglo XVII y había estado anticipado en considerable detalle por los investigadores del XIX. Por alguna razón, descendió una gran amnesia sobre este tema en los círculos científicos alrededor de 1900, de manera que las verdades de los ancianos podían ser ovacionadas como impactantemente nuevas en la segunda mitad del XX”. Publio Ovidio Nasón recomendaba en su Ars Amandi: “Si das en aquel sitio más sensible de la mujer, que un necio pudor no te detenga la mano; entonces observarás cómo sus ojos despiden una luz temblorosa; luego vendrán las quejas, los dulcísimos murmullos, los tiernos gemidos...” Parece mentira que dos mil años después la Guía sexual de Durex deba lamentarse porque “muchos hombres no tienen ni idea de donde localizarlo” y que formule un consejo brutal: “Si no lo encuentras, pregunta”.


El poeta romano

Con esa clase de preceptos no es de extrañar si algunos incurren en un error semejante al de los vendedores a domicilio que se pasan 20 minutos con el dedo pegado al timbre sin enterarse que hay un corte de energía eléctrica en toda la zona.

Aparte de su capacidad para el placer, lo más hermoso de este órgano (y lo más amenazante para las seguridades masculinas) es la incertidumbre: la interacción con él no puede reducirse a mapas, instructivos, horarios ni recetas infalibles, ni a cualquier otra herramienta de la pragmática, salvo, tal vez, la de rendirle tributo con el corazón antes que con otra parte del cuerpo. Legítimas propietarias: sean benevolentes y piadosas con nuestra torpeza y nuestra bastedad, que muchas veces son expresión de impaciencia y de ignorancia. No juzguen con severidad excesiva a quienes lo confunden con el botón de encendido de una lavadora. Con una exasperante frecuencia los hombres somos ínfimos y tontos. Acaso, como ocurre con los vendedores de los que hablaba, nadie nos enseñó a tocar con cortesía y consideración los timbres del Paraíso.